
Aquí les presentamos otro de los libros Patafísicos realizados íntegramente por los alumnos de Taller I de la Comisión 17. En este caso compartimos “Sobre Erejes, Mámelos y Sésimos”, sus autores Adriana Barboza, Paula Ghio, Jerónimo Pardo y Alina Salas comparten algunos de los textos que forman parte de este libro…prometemos más para una próxima entrega.
¿Fuerza de voluntad?
“¿Cómo salgo de acá?”- Preguntó un hombre desesperado. A lo lejos escuchó una voz que le decía: tenés que nadar contra esa corriente que te empuja, y tratar de vencer los obstáculos que te presenta. El hombre nadó y nadó pero no fue suficiente, finalmente se ahogó en un vaso con agua.
Por las calles rojo pasión
Entrando por las venas de la mano, siguiendo su rojo curso, cruzando el pulmón de la ciudad y tomando la aorta hacia la derecha, ella logró llegar al corazón de su amado.
Alta en el cielo
Corría y sentía como un suelo algodonado bajo sus pies, y todo era celeste a su alrededor. Se respiraba un aire puro y fresco, y se sentía el cantar de los pájaros. A veces también veía algunos aviones pasar. Por eso ella nunca escuchaba a nadie, porque siempre andaba por las nubes.
Por si escapan de su mente
Por esa simple razón compró una jaula y la colocó en el extremo superior de su cuerpo, sobre sus hombros. No quería que se le escape ninguno, pero no sabía cuántos tenía exactamente. Salió a la calle con la jaula puesta para proteger los pajaritos que ella tenía en su cabeza.
¿Fuerza de voluntad?
“¿Cómo salgo de acá?”- Preguntó un hombre desesperado. A lo lejos escuchó una voz que le decía: tenés que nadar contra esa corriente que te empuja, y tratar de vencer los obstáculos que te presenta. El hombre nadó y nadó pero no fue suficiente, finalmente se ahogó en un vaso con agua.
Por las calles rojo pasión
Entrando por las venas de la mano, siguiendo su rojo curso, cruzando el pulmón de la ciudad y tomando la aorta hacia la derecha, ella logró llegar al corazón de su amado.
Alta en el cielo
Corría y sentía como un suelo algodonado bajo sus pies, y todo era celeste a su alrededor. Se respiraba un aire puro y fresco, y se sentía el cantar de los pájaros. A veces también veía algunos aviones pasar. Por eso ella nunca escuchaba a nadie, porque siempre andaba por las nubes.
Por si escapan de su mente
Por esa simple razón compró una jaula y la colocó en el extremo superior de su cuerpo, sobre sus hombros. No quería que se le escape ninguno, pero no sabía cuántos tenía exactamente. Salió a la calle con la jaula puesta para proteger los pajaritos que ella tenía en su cabeza.
*Alina Salas
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