*Camila Victoria Casas
Fotografías
Sentadas en un sillón se pueden ver cuatro nenas. La más grande soy yo, la única rubia de ojos claros, cosa que les valió a muchos para decirme adoptada o hija del lechero, aunque soy muy parecida a la hermana de papá. Es ese tiempo tengo doce años. En mi falda está Carola, mi hermana más chica, en ese momento tiene un año o está a punto de cumplirlo. A mi lado está Carmela que sonríe de manera simpáticamente compradora, ella tiene seis. La última es Cata, de ocho, quien en llama la atención haciendo una morisqueta para no perder la costumbre.
Del otro lado de la cámara está mi abuelo, fue la última vez que nos pudo visitar. Era febrero sin embargo estamos abrigadas, creo que llovía. Mamá no está en la foto, ella está cocinando algo muy rico seguramente, mientas conversa con mi abuela. No recuerdo qué estaba haciendo papá, arreglando algo probablemente. La escenografía es sencilla, un sofá verde, la pared de madera con una ventana por la que se contempla un paisaje agreste, a la izquierda el piano y a la derecha una biblioteca. La música y los libros, dos cosas hermosas que me supieron transmitir tanto papá como mamá. No sé muy bien por qué elegí la foto, fue la primera que se me vino a la mente. No soy muy chica, pero ya estamos las cuatro, creo que por eso la preferí, ya no puedo hablar de mí sin mencionar a mis tres he
rmanas.*Camila Cordoba
Verano
Nos habíamos levantado temprano, a pesar de que el día estaba nublado, para ir a la playa con mis padres y mis hermanos mayores; No recuerdo con exactitud la edad que tenia pero mis rulos y mi flequillo muy corto y desparejo cortado por mi mamá me hacen pensar que tenia unos cinco años, después de esa edad nunca más dejé que me peinara siquiera.
Al mirar la foto en este momento, veo que el castillo de arena que está delante de mí no es tan grande como lo veía en ese momento en el cual imaginaba historias de príncipes y princesas que podían ocurrir en él.
En la foto estoy con mis hermanos, como en la mayoría de las fotos que tengo con ellos, estoy en el medio, y aun hoy sigo teniendo la misma costumbre de tenerlos a cada lado.
En la foto no se ven otras personas tampoco recuerdo que las hubiera, solo mis padres sacando la foto y nosotros tres de espaldas al mar, de frente al castillo y con grandes sonrisas.
*Florencia Ruth Iamartino
Recuerdo
Solo tres años tenía cuando en el jardín de infantes me sacaron esa foto; día en que todas las madres se preocupaban y ocupaban para que nos viéramos impecables de pies a cabeza.
Cachetes regordetes, pelo muy largo, de princesa como solía decirme mi mamá, una pequeña boca que dejaba escapar a una ligera sonrisa y una mirada dulce e inocente.
Todos los días veo esa foto colgada en el comedor de mi casa junto con la de mis hermanos y siempre recuerdo esas épocas en las que pasaba todo el día jugando, divirtiéndome, haciendo travesuras y acompañando a mi mamá a todos lados, sin alejarme de ella en ningún momento.
Foto que nunca voy a olvidar y que siempre estará en mis mejores recuerdos.
*Magdalena Muñoz D.
Una de mis favoritas
Estoy en la puerta del jardín de infant
es, un día soleado y caluroso de marzo. Llevo puesto el característico pintorcito cuadrillé rosa con un cuello gigante de broderie. En una mano, mi valijita de colores pasteles de Xuxa. También se denotan mis guillerminas nuevitas con unos soquetitos con volados.Mi cara demuestra estar al borde del llanto, totalmente enojada y haciendo puchero por la foto. Odio que me saquen fotos, pero mis padres insisten en retratar ese momento, mamá dice que “estoy hecha una muñequita”. Es mi primer día de jardín, un gran momento en mi vida.
Años más tarde la anécdota sería recordada haciendo referencia a la cantidad de tiempo que me había quedado en el jardín. No habían pasado más de dos horas que tuvieron que llamar a mis padres para que me calmaran: “su hija no deja de llorar”. ¿Caprichosa? Sí, desde chiquita nomás.
*Alina Salas
Estoy yo sola, en el centro de la imagen, con 5 años de edad aproximadamente. Lo que puede llamar la atención es que esto
y llorando, ya que los que me conocieron a esa edad saben que era mi actividad preferida; “bocona” me decía mi abuelo porque me pasaba el día llorando. Se me ve usando un par de zapatillas un poco grandes para mí, número 42, de mi papá, y uno de sus sombreros de paja; me encantaba usar la ropa de los grandes y disfrazarme. También tengo el teléfono en la mano cerca de la oreja, como hablando con alguien. Detrás de mí se ve la televisión prendida, los “Ositos Cariñositos” en no me acuerdo qué canal, el único que transmitía dibujos animados en los ’90 en un televisor de pueblo.*Stornini Gerónimo
Fotografía
Milanesas con puré, unos de mis platos favoritos, justamente la especialidad de mi abuela. Tres años tendría, reunido en un almuerzo familiar que organizaban mis abuelos en su casa. El nono, sirviendo la comida; yo, sentado en la mesa de los chicos con una expresión no muy alegre, puede ser que después de unos bocados me ganó la necesidad de ingerir un poco de agua, por eso la mirada fija puesta en el vaso esperando que alguien me lo alcance. Camisa y buzo como le gusta a mi viejo, en aquellos años no tenia mucho pelo, pero ya se me formaban los rulos que me que caracterizan hasta el día de hoy, aunque en menor medida. No es fácil describir una foto de la que uno no tiene recuerdos, pero es eso, un instante, un momento, mejor verlo.
*Andrés Terrile
Aquí estoy yo en el zoológico de Buenos Aires con mis inocentes ocho años. Muy contento por cierto, de estar en el zoológico pero más aún de estar en Buenos Aires, esa ciudad donde ni el más largo de los veranos me era suficiente para terminar de descubrirla.
Una víbora pitón enroscada a mi cuerpo (supuestamente dormida) despierta la admiración de mis hermanos y de mi padre; yo, fingiendo la calma y contando los segundos para dar por concluido el momento y ver realizado mi acto de valentía, o mejor dicho de inconciencia.
Mi madre es quien toma la fotografía, doce años más joven pero eso sí, con la misma energía y frescura de siempre.
*Malena Velasco
La foto es de un viaje a Brasil.
Estoy yo sola en la proa de un barco, mirando por encima de mi hombro a la cámara con aire superado. Parezco aburrida, aunque mi recuerdo de los delfines rompiendo las olas es lo suficientemente feliz como para suponer una sonrisa. Mi pelo largo caía hermosamente en ese entonces.
A mi mamá se le escapa un suspiro y dice: “Estás hecha toda una señorita”. ¿Cuántos años tendría? ¿Nueve, diez? Nada de sangre, primeras veces, ni anillos de graduación. Ese día, así, sin anestesia, me hice señorita.
*Daniela Slavich
Vacaciones en familia
Estoy parada junto a mi hermano, cuando tenía aproximadamente seis años, de fondo se ve un paisaje de Córdoba. La foto pertenece a unas de las tantas vacaciones familiares. Aunque poco me acuerde de ellas, puedo imaginar ese momento. Mientras mi mamá sacaba la foto, mi papá trataba de ubicarse en el mapa, que tenía en todos los viajes, para evitar que nos perdiéramos como siempre solía pasarnos.
Yo me encontraba abrazada a mi hermano y ambos mostrábamos una sonrisa perfecta que delataba nuestra alma de traviesos. Teníamos unos shorts de jean cortados, mi hermano con una gorra para atrás y yo con una remera de Mickey y unas zapatillas gastadas.
La foto está en una de las paredes de mi cuarto, es imposible no verla y aunque las diferencias con mi hermano son muy notorias, la misma no me deja olvidar la divertida infancia que vivimos juntos.
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