-Vanesa Agoglia
Reflejo de mi infancia
Tengo tan solo cuatro años y me encuentro sentada en un sillón en la casa de mi abuela en Miramar en donde veraneo desde que tengo noción del tiempo.
Me veo feliz sosteniendo a mi osito Tommy que todavía conservo bastante descosido y deteriorado. Tengo puesto un vestido estilo marinero blanco con rayas azules y en mi cabello lacio con flequillo ,que no se asemeja en nada a mis rulos actuales, un moño del mismo color que deja bastante que desear.
En mi cara se dibuja una sonrisa radiante y mis ojos se encuentran bien abiertos , expectantes, con un brillo especial, parece que estoy esperando que algo me sorprenda.
Pasaron varios años, cambió mi forma de vestir, estatura, cabello, parte de mi personalidad pero mis ojos mantienen la misma profundidad y luminosidad que cuando era una niña de tan solo cuatro años.
-Barboza Adriana Noelia
Tengo aproximadamente, cuatro años de edad. Estoy en el auto de papá, estacionado en el frente de casa, (un Citroen verde, que no recuerdo el modelo). Sentada en el asiento del conductor con las manitos en el volante, muy sonriente. De fondo puede verse la calle (de tierra en esa época) y un gran frente lleno de verde. Qué hermosos tiempos, donde todo era puro juegos y risas. Hoy todo es tan distinto, ya no existe la calle de tierra ni ese “campo”, donde decía vivir cuando me peguntaban: ¿dónde vivís?, como tampoco existe el auto verde, ese que creí manejar con la imaginación de niña. Pero existe esta foto, colgada en mi cuarto, que no me deja olvidar mi tiempo de niñez.
-Gastón Biglié
Era mi primer día de jardín, yo un muchacho jovencito de tres años, dejaba los amigos imaginarios en casa para reemplazarlos por amigos reales.
La cámara apuntando casi al suelo dejó que la foto mostrara las piernas de mamá con sus jeans noventosos y a mí agarrando lo más fuerte que podía a una de sus piernas, para no entrar a la salita. Con un llanto casi asumido no me distraía ni el gran ambiente creado para niños por parte de la gente del jardín.
El tiempo me dio la razón; ya que después de las vacaciones de invierno dejé de ir, supongo que por tanto capricho; pero… ¿qué me gusta tanto de esta foto? Que ya no resuelvo nada aferrándome a mamá.
martes, 28 de abril de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
Aquí estamos
*Los alumnos de la comisión se presentan por medio de la descripción de una foto de su infancia.
Las hay a todo color o en blanco y negro. Algunas parecen tener movimiento, otras congelan un momento en un escenario. Todas los muestran como quieren ser vistos.
Claro que el álbum aún no está completo...
-Nicolás Archipretre
Al ver la fotografía, realmente me produce una cierta simpatía porque parece un fiel reflejo de mis gustos en el futuro. La forma en la que miro el palillo en mi mano, que pega en uno de los platos de una pequeña batería, es muy parecida a la que tengo al tocar la guitarra actualmente.
En ese tiempo era uno chico de unos tres años, y aunque no sabía nada del hard rock de Los Ángeles de la década del ochenta, mi mamá se había ingeniado bastante bien para producirme: aros enormes sujetos a mis orejas, una bincha símil leopardo en mi frente, y un chaleco de cuero, todo esto puesto en un yo chiquito que ya no recuerdo. Obviamente tocaba sobre la cama, costumbre que sigo manteniendo. No estoy seguro si disfruté mucho ese momento, pero puedo pensar que en el fondo, muy en el fondo, ya armaba lo que quería: el contacto directo con la música.
-Florencia Arias
Fotos ¿para el recuerdo o el olvido?
Un día de verano en Villa Carlos Paz, con un cielo despejado. Tenía aproximadamente entre seis u ocho años. La brisa del aire era muy fuerte por lo cual tenía puesta una campera rompevientos con capucha color verde oscura y unos jeans muy antiguos (aseguro que hoy en día nadie se los pondría, ni siquiera el fabricante).
Me veo sonriente la cabeza inclinada hacia un lado, los ojitos brillosos y con una pose parecida a un jarrón ya que tenía las manos en la cintura. Detrás de la cámara seguramente se encontraba mi mamá, y como toda madre queriendo sacar esa foto para tener un recuerdo; aunque hoy en día se encuentra archivada en una caja con un montón de fotos más de mi infancia y sin darle mucha importancia. Entonces, ¿para qué congelar un momento en una foto? Si después ni siquiera se recuerda su existencia, o peor aún, ni el momento vivido.
Las hay a todo color o en blanco y negro. Algunas parecen tener movimiento, otras congelan un momento en un escenario. Todas los muestran como quieren ser vistos.
Claro que el álbum aún no está completo...
-Nicolás Archipretre
Al ver la fotografía, realmente me produce una cierta simpatía porque parece un fiel reflejo de mis gustos en el futuro. La forma en la que miro el palillo en mi mano, que pega en uno de los platos de una pequeña batería, es muy parecida a la que tengo al tocar la guitarra actualmente.
En ese tiempo era uno chico de unos tres años, y aunque no sabía nada del hard rock de Los Ángeles de la década del ochenta, mi mamá se había ingeniado bastante bien para producirme: aros enormes sujetos a mis orejas, una bincha símil leopardo en mi frente, y un chaleco de cuero, todo esto puesto en un yo chiquito que ya no recuerdo. Obviamente tocaba sobre la cama, costumbre que sigo manteniendo. No estoy seguro si disfruté mucho ese momento, pero puedo pensar que en el fondo, muy en el fondo, ya armaba lo que quería: el contacto directo con la música.
-Florencia Arias
Fotos ¿para el recuerdo o el olvido?
Un día de verano en Villa Carlos Paz, con un cielo despejado. Tenía aproximadamente entre seis u ocho años. La brisa del aire era muy fuerte por lo cual tenía puesta una campera rompevientos con capucha color verde oscura y unos jeans muy antiguos (aseguro que hoy en día nadie se los pondría, ni siquiera el fabricante).
Me veo sonriente la cabeza inclinada hacia un lado, los ojitos brillosos y con una pose parecida a un jarrón ya que tenía las manos en la cintura. Detrás de la cámara seguramente se encontraba mi mamá, y como toda madre queriendo sacar esa foto para tener un recuerdo; aunque hoy en día se encuentra archivada en una caja con un montón de fotos más de mi infancia y sin darle mucha importancia. Entonces, ¿para qué congelar un momento en una foto? Si después ni siquiera se recuerda su existencia, o peor aún, ni el momento vivido.
jueves, 23 de abril de 2009
Bienvenidos!!!

Hola! Este blog está realizado por los alumnos de la Comisión 17 de la materia Taller de Expresión I de la Carrera de Ciencias de la comunicación de la UBA.
A medida que el año transcurra, irán subiendo sus trabajos para que sean leídos, comentados, admirados, criticados, y por sobre todas las cosas, disfrutados.
Los invitamos a compartir este espacio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)