Crónicas de un amante de los pies
Hoy empieza el casting de “Solos y solas”, un programa que se emitirá por telefe de lunes a viernes a las 18hs.
Cuando les conté a mis amigos y compañeros de trabajo que decidí participar del programa no lo podían creer. Si bien tengo 30 años y estoy solo , soy un hombre apuesto, exitoso en mi trabajo y las mujeres no pueden dejar de acosarme.
¿Cómo un ganador termina en un casting de Solos y solas? Pienso que puede ser la oportunidad para conocer al amor de verdad . Supongo que irán chicas que no han tenido suerte con los hombres y que podrán llegar a entender lo que me pasa.
A pesar de que atraigo a jóvenes muy lindas e inteligentes fácilmente , mis relaciones duran muy poco. Cuando me conocen, no sé por qué , salen corriendo y me dejan siempre con los mismos argumentos “Estás loco”, “Deberías empezar terapia”o “Tenés un problema muy serio”.
Yo nunca traté de loca a ninguna joven , como mucho lo único que les digo cuando las dejo es “Tenés los pies muy feos”.
-Entonces llegaste a dejar a las mujeres porque no te gustaban sus pies- dijo una de las productoras sorprendida.
-Sí, me encantan los pies finos, pequeños, suaves y con uñas esculpidas. Una mujer con ampollas, hongos o juanetes pierde todo tipo de encanto para mi.
-Muy interesante ¿Podrías contarnos alguna experiencia en particular que hayas tenido?-me preguntó otros de los selectores abriendo bien los ojos.
Hice memoria y empecé a hablar de Laura, mi vecina. Había salido con ella tres meses. Teníamos muchos gustos en común. Ella es profesora de educación física como yo, le gusta la misma música y tiene una personalidad muy parecida a la mía. Sentí que era el amor de mi vida pero todo terminó en la primavera pasada cuando la vi en sandalias. Sus pies eran gordos y tenía ampollas. No pude soportarlo y terminé con ella, demasiado repugnante para mí.
Los tres productores me miraron como si fuese un marciano, por un momento pensé que no me elegirían .
-Pasaste el casting. Te esperamos mañana a las tres de la tarde en el estudio.
No podía creerlo, estaba muy emocionado no sólo por esta nueva experiencia sino también porque sería famoso.
Al otro día llegué a la productora temprano y me senté en la cafetería . Admito que me puse un poco nervioso cuando vi en la televisión los adelantos del programa. Se hacía la hora y me dirigí hacia el estudio. Por detrás de la escenografía observaba cómo la simpática conductora del programa, Claribel Medina, presentaba a los participantes.
Dicen que lo mejor se deja para lo último y mi caso no fue la excepción.
-Presentamos al último participante. Tiene 30 años y vive en Olivos. Es un morocho muy sexy con un cuerpo espectacular. Aplausos para Juan Manuel Molinari.
Mi corazón palpitaba muy fuerte y empecé a transpirar pero cuando Claribel se acercó y me saludó con una sonrisa me tranquilicé.
Las tres participantes eran muy bonitas y no dejaban de mirarme. Los otros dos hombres no eran lindos como yo. Uno era ingeniero y tenía una nariz que dejaba bastante que desear y el otro era analista de sistemas y usaba aparatos en los dientes. Los dos llevaban una vida bastante aburrida. Lo único que hacían era trabajar y las mujeres cuando los escuchaban hablar bostezaban. Seria muy fácil ganarles.
Después de dos horas de conversación Claribel anunció – Llegó el momento más esperado. Piensen bien a quién van a elegir . Tomen la pizarra que tienen a su derecha y escriban el nombre de la persona que eligieron. Empezamos por las mujeres.
Se hizo silencio en el estudio y las luces iluminaron la pizarra de Mariana.
-El primer voto es para................Juan Manuel, el morocho sexy.
-Vamos a ver a quién eligió Florencia. Otro voto para Juan Manuel.
-Por último en la pizarra de Melina vemos el nombre de Juan Manuel. El morocho sexy enamoró a todas nuestras participantes pero a quién elegirá. Despedimos primero con un fuerte aplauso a nuestros otros dos hombres. Muchas gracias por haber venido- les dijo Claribel a los pobres perdedores que habían competido conmigo.
-Antes de tomar la decisión las chicas van a desfilar para Juan Manuel pero primero vamos a un corte y ya volvemos con más “Solos y solas”.
Después de la pausa las participantes estaban en malla y desfilando para mi. Hasta ese momento la que más me había interesado por su belleza y personalidad era Melina pero mi corazón se partió en pedacitos cuando vi sus repugnantes pies, tenía ampollas.
Los pies de Mariana también eran horribles. Florencia era la más aburrida de todas y la última que hubiese elegido pero tenía unos pies hermosos con uñas esculpidas.
-Juan Manuel ¿Con cuál de estas bellas mujeres quieres tener una cita?-preguntó Claribel.
-Elijo a Florencia-dije sin dejar de mirar sus bellos pies .
- Juan Manuel y Florencia vengan al círculo del amor. Gracias a todos por haber participado. Nuca pierdan las esperanzas , el amor de sus vidas puede estar más cerca de lo que ustedes creen. Hasta la próxima-dijo Claribel eufórica.
Después de haber salido una semana con Florencia la invité a mi departamento el sábado. Preparé una cena deliciosa con un buen vino y ambienté el living con velas y rosas rojas.
Son las diez de la noche y llega Flor, tiene puesto un hermoso vestido escotado color azul marino y unas sandalias negras con plateado que realzan la hermosura de sus pies.
Si bien al principio me había parecido una persona muy aburrida, Florencia es inteligente y muy interesante.
Después de haber hablado y reído durante más de tres horas, la invité a mi habitación. Mientras le quitaba su ropa no dejé de pensar por ningún instante en el momento en que tocaría y besaría sus pies.
La noche se convirtió en día. Los rayos de luz iluminan los hermosos pies de mi bella durmiente y en ese instante me doy cuenta de que la uña del dedo gordo está sin pintar.
Sin hacer ruido busco en su cartera el esmalte, saco su agenda, su teléfono celular, la llave de su casa, un libro. Pero ¿Dónde está la pintura?
Veo un bolsillo en el interior del bolso y encuentro lo que tanto buscaba. En puntas de pies me acerco con el esmalte a la cama, lo dejo en la mesita de luz y voy al baño a buscar una crema perfumada.
Me siento en el borde de la cama, transpiro, estoy un poco nervioso, tengo miedo de que se de cuenta. Sostengo su pie derecho, presiento que se va a despertar, de pronto se mueve, no quiero que me vea, sigue durmiendo.
Me relajo, tomo el pincel y comienzo a embellecer su uña. Mientras le estoy pasando la crema se despierta de un salto y grita ”Estás loco, déjame en paz”. Se cae el esmalte al piso y se rompe. Ella se levanta , toma su cartera y me golpea. Da un portazo y se va. No es la primera ni la última mujer que me hace esto.
Me tomo un baño y me voy a trabajar. Cuando regreso almuerzo y enciendo la televisión.
Veo a Florencia en “Intrusos” hablando de lo que pasó por la mañana. Lo que hace la gente para tener fama ¿no?.
Siento mucha vergüenza y hago zapping. Pongo crónica, seguramente estarán emitiendo a la vaca Alegría teniendo cría o al pitufo fantasmagórico pero me equivoqué. Leo la placa y dice”Último momento. Loco de los pies, le hizo la pedicuria a su novia e intentó matarla.”
Mi intención no era asustar a Florencia y mucho menos matarla. Sólo quería arreglar sus pies ¿Por qué nadie puede entenderlo?
Decidí desconectar el teléfono, desenchufar la televisión y no ir a trabajar.
Pasaron cuatro meses y salí a la calle a buscar trabajo. Encontré uno de cajero de supermercado. No tengo compañeras lindas pero hay una chica con unos pies preciosos.
Hablaba mucho con ella porque compartíamos varios almuerzos y vive cerca de mi casa.
Después de unas semanas decidí invitarla a salir. Fuimos al cine y luego a cenar.
Cuando la tomé de la mano , me dijo - Sos un hombre muy seductor y lindo pero no puedo estar con vos.
-¿Por qué? ¿Tenés novio o estás casada?- le pregunté desconcertado.
-No es por eso- dijo soltándome- Tus manos están ásperas y tenés ampollas. Perdón pero me dan mucho asco.
Apenas terminó de pronunciar la última palabra se fue corriendo. Yo quedé en el medio de la avenida Rivadavia mirándome mis manos. No son tan feas. Me senté en la vereda porque casi me atropella un auto. Seguramente Verónica es hija de una manicura. Por lo menos no me tomó por loco y me dejó con otro pretexto, pensé.
El jueves empiezo terapia , quiero aprender a reprimir mis impulsos para no espantar a las mujeres cuando les veo sus pies.
¿Qué se puede esperar del hijo de una pedicura y de un fabricante de zapatos? Por supuesto, que lo primero que mire sean pies.
-Vanesa Agoglia-
Por primera y última vez
“Era temprano y ya estábamos listos para salir. Lo agarré y nos enfrentamos a la calle. Era la primera vez que lo sacaba. Toda una experiencia para mí y para él. La gente lo miraba como con ternura. A mi me pesaba demasiado y lo quería soltar.
Llegamos a la parada del 15, ¡hace cuánto que no hacía eso! Estaba contenta de volver. Vi llegar el colectivo y, con la mano que me quedaba libre, lo llamé con dificultad. Frenó cuidadosamente. La gente que estaba delante de mí, me dejó pasar. ¡Qué extraño que resultaba! Nunca antes habían hecho eso. No sabía si sentirme halagada o no. Subí, por primera vez, primera y enseguida me dejaron el asiento de adelante, casi pegada al conductor. Nunca me gustó ese lugar pero lo acepté porque los brazos ya no me daban más de cargarlo.
Nos sentamos y se puso inquieto, no podía pararlo. La señora de al lado lo miraba, le hacía caras, lo acariciaba. Así, él se entretuvo un rato mientras yo rememoraba lo que me había perdido estos últimos meses. Él quería tocar todo, miraba atento cada color, se sorprendía con cada ruido y cada persona pero no estaba cómodo y yo mucho menos. Quería ir en los asientos del fondo leyendo o escuchando música en vez de estar allí cargándolo.
Me sentía observada y seguramente él también. Nunca había estado rodeado de tanta gente, ni expuesto a tanto movimiento. No le podía preguntar qué sentía porque no hablaba ni siquiera. A él lo miraban con cariño, decían que era hermoso, pero a mí me miraban con pena tal vez lástima. Todo eso ya no me gustaba. Me quería bajar de esa máquina y creo que él también. No se quedaba tranquilo y yo me ponía cada vez más nerviosa. No sabía cómo controlarlo ni calmarlo. Esa situación ya era insoportable.
Estábamos por Scalabrini Ortiz casi llegando a Corrientes así que no faltaba tanto. Se lo dije pero no tenía sentido. Creo que no me entendía nunca y yo tampoco a él.
El colectivo frenó en un semáforo y vi aquel bar que iba con Sebastián. Se me vinieron a la mente miles de recuerdos hasta que ese intruso que llevaba ese día hizo llamar mi atención. Lo miré y lo detesté. No me dejaba leer, ni escuchar música, ni pensar tranquila... si él no hubiera estado, Sebastián no me hubiera dejado y seguiríamos siendo novios...
El colectivo dobló en Murillo, luego en Malabia y después en Warnes. Esas curvas lo pusieron peor y estaba más molesto que nunca. Aunque sea en algo se parecía a mí, esas vueltas también me ponen mal.
Vi el Parque Centenario y ya me disponía a bajar porque con él y con todo lo que llevaba por su culpa, se me hacía difícil movilizarme hasta la puerta trasera. El conductor advirtió mis movimientos y me dejó salir por la puerta de adelante. No podía creer tanta amabilidad de parte de todos ¡algo bueno, algún beneficio tenía que traerme!
Me bajé del colectivo y volví a hacer todo ese recorrido. Esas calles, esa plazoleta, ese edificio. Yo estaba contenta ahora pero él no lo entendía y no lo apreciaba. Yo le iba contando pero no comprendía la importancia que tenía eso para mí. Llegamos y casi se me escapó una lágrima. ¡Nunca pensé que podría tener tantas ganas de volver a la facu!
Entré y la gente me miró más que en el colectivo. ¿Qué pasaba? Allí nunca me sentía observada. Él seguía sin entender. No me servía para nada sólo para hacerme doler los brazos, ponerme nerviosa y que la gente me mirara.
Se me acercó el guardia de seguridad y me dijo: “¿qué necesita señora?”. ¿Señora? ¿Desde cuándo?, pensé. La que no entendía nada en ese momento era yo. Le contesté un poco alterada: “yo estudio acá, me inscribí y vengo a las clases”. El señor me miró con una mezcla de desconcierto y lástima. Me dijo: “te entiendo pero con él- y lo miró-, no podés, tratá de dejarlo en algún lado”. Esas palabras fueron lo que me faltaba para tomar una decisión.
Al otro día, volví a hacer el recorrido de siempre, volví a la facu, a mi juventud perdida, a escuchar música en el fondo del colectivo, a que no me dejen el primer asiento, a que no me miran con lástima, a que no me duelan los brazos. Nunca más aquel bebé me volvería a molestar...
Ya no tengo nada más para decirle oficial, esto es lo que pasó”.
-Carolina Defiore-






un perro.